
DEL FRUCTO QUE SE SACA DE LA ORACIÓN Y MEDITACIÓN.
CAPÍTULO I
Porque este breve tratado habla de la oración y meditación, será bien al principio decir en pocas palabras el fructo que de este sancto ejercicio se puede sacar, porque con más alegre corazón se ofrezcan los hombres a él.
Notoria cosa es que uno de los mayores impedimentos que el hombre tiene para alcanzar su última felicidad y bienaventuranza, es la mala inclinación de su corazón y la dificultad y pesadumbre que tiene para bien obrar: porque a no estar ésta de por medio, facilísima cosa le sería correr por el camino de las virtudes, y alcanzar el fin para que fué criado. Por lo cual dijo el Apóstol: Huélgome con la ley de Dios según el hombre interior, pero siento otra ley y inclinación en mis miembros, que contradice a la ley de mi espíritu, y me lleva tras sí captivo a la ley del pecado. Ésta es, pues, la causa más universal que hay de todo nuestro mal.
Pues para quitar esta pesadumbre y dificultad, y facilitar este negocio, una de las cosas que más aprovechan, es la devoción. Porque (como dice Sancto Tomás) no es otra cosa devoción, sino una promptitud y ligereza para bien obrar: la cual despide de nuestra ánima toda esta dificultad y pesadumbre, y nos hace prontos y ligeros para todo bien. Porque es una refección espiritual, un refresco y roscío del cielo, un soplo y aliento del Espíritu Sancto, y un afecto sobrenatural: el cual de tal manera regala, esfuerza y trasforma el corazón del hombre, que le pone nuevo gusto y aliento para las cosas espirituales, y nuevo desgusto y aborrescimiento de las sensuales. Lo cual nos muestra la experiencia de cada día: porque al tiempo que una persona espiritual sale de alguna profunda y devota oración, allí se le renuevan todos los buenos propósitos, allí son los fervores y determinaciones de bien obrar, alli el deseo de agradar y amar a un Señor tan bueno y tan dulce como allí se le ha mostrado, y de padecer nuevos trabajos y asperezas, y aun derramar sangre por El, y allí finalmente reverdece y se renueva toda la frescura de nuestra alma.
Y si me preguntas por qué medios se alcanza este tan poderoso y tan noble afecto de devoción, a esto responde el mismo Sancto Doctor diciendo que por la meditación y contemplación de las cosas divinas: porque de la profunda meditación y consideración de ellas redunda este afecto y sentimiento en la voluntad (que llamamos devoción) el cual nos incita y mueve a todo bien. Y por eso es tan alabado y encomendado este sancto y religioso ejercicio de todos los Sanctos: porque es medio para alcanzar la devoción, la cual aunque no es más que una sola virtud, nos habilita y mueve a todas las otras virtudes, y es como un estímulo general para todas ellas. Y si quieres ver cómo esto es verdad, mira cuan abiertamente lo dice Sanct Buenaventura por estas palabras:
Si quieres sufrir con paciencia las adversidades y miserias desta vida, seas hombre de oración. Si quieres alcanzar virtud y fortaleza para vencer las tentaciones del enemigo, seas hombre de oración. Si quieres mortificar tu propria voluntad con todas sus aficiones y apetitos, seas hombre de oración. Si quieres conoscer las astucias de Satanás, y defenderte de sus engaños, seas hombre de oración. Si quieres vivir alegremente y caminar con suavidad por el camino de la penitencia y del trabajo, seas hombre de oración. Si quieres ojear de tu ánima las moscas importunas de los vanos pensamientos y cuidados, seas hombre de oración. Si la quieres sustentar con la grosura de la devoción, y traerla siempre llena de buenos pensamientos y deseos, seas hombre de oración. Si quieres fortalecer y confirmar tu corazón en el camino de Dios, seas hombre de oración. Finalmente, si quieres desarraigar de tu ánima todos los vicios, y plantar en su lugar las virtudes, seas hombre de oración: porque en ella se rescibe la unión y gracia del Espíritu Sancto, la cual enseña todas las cosas. Y demás desto, si quieres subir a la alteza de la contemplación, y gozar de los dulces abrazos del Esposo, ejercítate en la oración, porque éste es el camino por do sube el ánima a la contemplación y gusto de las cosas celestiales.
¿Ves, pues, de cuánta virtud y poder sea la oración? Y para prueba de todo lo dicho (dejado aparte el testimonio de las Escripturas Divinas) esto baste agora por suficiente probanza, que habernos oído y visto, y vemos cada día muchas personas simples, las cuales han alcanzado todas estas cosas susodichas, y otras mayores, mediante el ejercicio de la oración. Hasta aquí son palabras de Sant Buenaventura. ¿Pues qué tesoro, qué tienda se puede hallar más rica ni más llena de todos los bienes que ésta?
Oye también lo que dice a este propósito otro muy religioso y sancto Doctor, hablando de esta misma virtud. En la oración (dice él) se alimpia el ánima de los pecados, apaciéntase la caridad, certifícase la fe, fortaléscese la esperanza, alégrase el espíritu, derrítense las entrañas, pacifícase el corazón, descúbrese la verdad, véncese la tentación, huye la tristeza, renuévanse los sentidos, repárase la virtud enflaquecida, despídese la tibieza, consúmese el orín de los vicios, y en ella saltan centellas vivas de deseos del Cielo, entre las cuales arde la llama del divino amor. Grandes son las excelencias de la oración, grandes son sus privilegios. A ella están abiertos los cielos, a ella se descubren los secretos, y a ella están siempre atentos los oídos de Dios. Esto baste agora para que en alguna manera se vea el fructo de este sancto ejercicio.
Capitulo 1 Del tratado de la oración y la meditación de Fray Luis De Granada