La transfiguración cósmica



El uso del nombre santo no sólo nos trae el conocimiento de nuestra unión con Jesús en su Encarnación sino también el medio de una visión más dilatada de la íntima conexión existente entre el Señor y todas las criaturas de Dios. El nombre de Jesús nos ayuda a transfigurar el mundo en Cristo (sin confusión panteísta alguna). Así descubrimos otro aspecto de la invocación del Nombre: un camino hacia la transfiguración.

Bajo este aspecto, la invocación del Nombre tiene relación con la naturaleza, con el universo considerado como obra del creador, «El Señor que hizo el cielo y la tierra». El universo se convierte en símbolo visible de la invisible belleza divina. «Los cielos cantan la gloria del Señor». «Mirad los lirios del campo».

Sin embargo esto no es suficiente: la creación no es estática; tiende, sufriendo y gimiendo, a Cristo como a su cumplimiento y fin, «La creación entera gime» hasta que «sea liberada de la esclavitud de la corrupción para alcanzar la libertad y la gloria de los hijos de Dios».

Lo que llamamos mundo inanimado se siente impelido hacia Cristo; todo converge hacia la Encarnación; los elementos, los frutos de la tierra, las rocas y la madera, el agua y el aceite, el trigo y el vino adquieren un nuevo valor convirtiéndose en signo o instrumento de la gracia. Todo lo creado revela misteriosamente el Nombre de Jesús: «Yo os digo, si estos callaran, gritarían las piedras».

Los cristianos deben escuchar la palabra de este Nombre en la naturaleza pronunciando el Nombre de Jesús sobre todas las criaturas: las piedras, las plantas, los frutos, las flores, el mar, el paisaje o cualquier otra; el creyente expresa el misterio de estos seres y les conduce a su cumplimiento dando así respuesta a su duradera y silenciosa espera. «Porque el anhelo ardiente de la creación es aguardar la manifestación de los hijos de Dios». Pronunciemos el Nombre de Jesús en unión con toda la creación: «Al Nombre de Jesús toda rodilla se doble en la tierra y bajo la tierra».


Extraído de «La invocación del Nombre de Jesús» Por un monje de la iglesia de Oriente.



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