
Aquel se mantiene de este lado del primer velo apartado durante su oración; aquel penetra en el interior: es el que realiza la oración monológica. Tan solo penetra en el santo de los santos aquel que, en la paz de todos los pensamientos naturales, escruta los atributos de la sustancia que sobrepasa toda inteligencia siendo gratificado aquí abajo con una cierta fotofanía.
Cuando hayas liberado tu intelecto de la ligazón con la carne, el alimento y las riquezas, todo lo que hagas será aceptado por Dios como un don puro. Él te lo retribuirá abriendo los ojos de tu corazón, haciéndote meditar a libro abierto en sus leyes allí escondidas. Esas leyes por la suavidad que expanden parecerán más dulces a tu paladar espiritual que un panal de miel.
El activo sorbe la bebida de la compunción en la oración; el contemplativo se embriaga con el cáliz excelente. Uno, reflexionando sobre el orden de la naturaleza. El otro, ignorándose a sí mismo en la oración.
La contemplación de los inteligibles es un paraíso. A través de la oración, el gnóstico entra allí como en una casa interior. El activo en cambio es semejante a un transeúnte al que, a pesar de su deseo, le resulta imposible entrar por causa de su edad espiritual.
La vida activa tiene los riñones, las potencias vitales, ceñidos por el ayuno y la pureza. La vida contemplativa lleva las antorchas ardientes de las virtudes gnósticas: el silencio y la oración. La primera, tiene como pedagogo a la razón. La segunda, al verbo interior como Paraninfo.
La oración simple es el pan que fortifica a los principiantes. La oración acompañada por cierta contemplación, el aceite que suaviza. La oración sin forma ni imagen, el vino perfumado que saca fuera de sí a los que con él se embriagan.
Los que oran teniendo el alma todavía ligada a las pasiones por el hecho de ser aún materiales, están rodeados de renacuajos: los pensamientos que los arrastran. Aquellos que han introducido mesura en sus pasiones, son distraídos por contemplaciones que se asemejan a ruiseñores saltando de rama en rama. Ellos pasan de una contemplación a otra. Los impasibles, conocen en la oración un gran silencio y una extrema libertad de representación y de conceptos.
Clase de Elías El Presbítero en curso de Filocalía del blog El Santo Nombre
Curso completo de de Filocalía del blog El Santo Nombre