
¿Quieres saber si avanzas en el conocimiento de Dios? pregunta a los grandes Orantes de la Biblia y acepta el revivir su larga experiencia. Moisés ha contemplado al dios inaprehensible de la zarza ardiendo, se ha dejado amaestrar por Dios y se ha convertido en su amigo íntimo. “Yahvé hablaba con Moisés cara a cara como habla un hombre con su amigo”. Éxodo 33:11.
Moisés ha llegado pues a un gran conocimiento de Dios que le ha revelado su nombre, es decir, el fondo de su íntimo ser. Es el amigo de Yahvé. Y sin embargo, mira: Moisés pide un conocimiento mayor de Dios.
Haz tuya la triple petición que le hace a Dios: “Házme conocer tus caminos, házme conocer tu gracia, házme, por favor, ver tu gloria”.
La señal de que has empezado a conocer a Dios no se encuentra en las hermosas ideas que tienes sobre él y mucho menos en el gozo que te procura la oración, si no en el ardiente deseo de conocerle más. No desearías a Dios si no supieses que existe. Sii no tuvieses a Dios contigo, no podrías experimentar su ausencia. Precisamente en el vacío del deseo es donde se desvela la presencia de Dios. Es una presencia en la ausencia.
Dios es misterio y se te revela progresivamente. Cuanto más avances en el conocimiento de Dios, más cuenta te darás de que el misterio permanece y se oscurece, y tanto más desearás conocerlo mejor: “si existe un verdadero deseo si el objeto del deseo es de verdad la luz el deseo de la luz produce la luz”.
¿Quieres conocer la calidad de tu vida de oración? Empieza por preguntarte cuál es la calidad de tus aspiraciones y de tus deseos. San Pablo dirá: “los que viven según el espíritu desean lo espiritual” romanos 8:5. Cuanto más te invada el Espíritu de Dios tanto más tus deseos se corresponderán a los del Espíritu. Pero es preciso que esas aspiraciones sean efectivas y lleven a una realización al menos parcial. Entonces hazte esta pregunta: ¿tengo sed de Dios? ¿mi corazón y mi carne gritan hacia él? El verdadero conocimiento de Dios no se puede expresar. Dios es el indecible: Señor, ¡Haz que yo te desee!. La intensidad de tu deseo de Dios es la señal de la calidad de tu caridad. ¿Tienes nostalgia de la oración?
Dios responde al deseo de Moisés introduciéndole progresivamente en su misterio, pero para esto debe pasar por una muerte radical: “No puedes ver mi rostro y seguir con vida” Éxodo 33:20. Ahora, conoces a Dios como en un espejo, luego le conocerás como tú eres conocido, cara a cara, cuando hayas aceptado el morir. No puedes ni imaginar lo que verás mañana.
De momento, acepta el mantenerte en la hendidura de la roca, hundido en la tiniebla más profunda, y envuelto en la mano de Dios. Entonces, como Moisés, verás a Dios de espaldas, es decir, en los signos de su presencia. Entonces Dios pasa y pronuncia su nombre: “Yahvé, Yahvé, Dios misericordioso y Clemente, tardo a la cólera y rico en amor y fidelidad” Éxodo 34:6. Cada vez que se te muestra Dios, se revela como la misericordia universal.
Y luego, mira la reacción de Moisés una vez que ha pasado Dios. Cae de rodillas en tierra, se postra y se humilla todavía más. El efecto del amor es la adoración, la humillación de ti mismo. Y entonces viene la oración de intercesión de De Moisés: “Si en verdad he hallado gracia a tus ojos, oh Señor, dígnese mi señor venir en medio de nosotros” Éxodo 34:9. Reconocerás la verdad de tu oración en la humildad de toda tu vida y en la solicitud por servir a tus hermanos e interceder por ellos. Como Moisés, no puedes ser intercesor y mediador sino en la medida de tu intimidad con Dios. Que el Espíritu Santo ahonde en ti un alma de deseo.
Jean Lafrance, Ora a tu Padre.