La oración de quietud es el gozo extraordinario e íntimo y regalada paz del alma al sentir la presencia de Dios, verse junto a su Dios y dentro de su amor infinito y con la voluntad en él suspendida, no teniendo otro deseo ni haciendo otra petición que no apartarse ya más de Él y estarle mirando callada, quieta y amorosamente.
Todo en derredor aquí calla y el alma a nada extraño atiende. Como por señas le da a entender (Dios) a qué sabe lo que se da a los que el Señor lleva a su reino. Una gozosísima luz y alegría apacibilísima inundan al alma, que se ve llena de humildad, de un conocimiento y amor nuevos y crecidísimos y de un vehemente deseo de no dejar más la oración y entregarse de lleno a la práctica de las virtudes, porque las virtudes y la oración la unen con su Dios.
Valentín de San José.