Filoteo El Sinaíta. Extractos.




La sobriedad purifica la conciencia y la hace brillar. Así purificada, la conciencia expulsa las tinieblas de su seno; la luz resplandece de repente cuando se retira el velo opaco que la ocultaba.

Cuando se persevera en esta sobriedad atenta y constante, la conciencia muestra de nuevo lo que había olvidado, lo que se le escapaba, y al mismo tiempo, al amparo de la sobriedad, enseña el arte de la guerra del espíritu contra el enemigo y los combates de pensamientos.

Nos revela cómo arrojar los venablos en ese combate singular, cómo atajar de pleno a los pensamientos con certera mirada, cómo hurtar el espíritu a los atentados refugiándose de las tinieblas funestas en la luz deseada de Cristo. Quien ha gustado esta luz me entiende.

Esta luz, tras ser saboreada, tortura cada vez más al alma con una verdadera hambre, pues el alma come sin jamás saciarse; cuanto más come, más hambre tiene.

Esta luz atrae al espíritu como el sol atrae al ojo; esta luz, inexplicable en sí misma y que, sin embargo, se hace explicable no en palabras, sino en la experiencia de aquel que la goza, o mejor, que es herido por ella; esta luz me impone el silencio, aunque mi espíritu hallaría placer en extenderse más.



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