Índice Colaciones de Casiano parte II

Colaciones de Juan Casiano. Parte II.

Contenido:

III. CONFERENCIA DEL ABAD PAFNUCIO. DE LAS TRES RENUNCIAS

Capítulos:
I. De la vida y costumbre del abad Pafnucio.
II. Discurso del anciano, y nuestra respuesta.
III. Proposición del abad Pafnucio: de tres géneros de vocación y de otras tantas renuncias.
IV. Se exponen los tres géneros de vocación.
V. Que de nada aprovecha al perezoso la vocación relevante, y que la menos noble no es obstáculo para el alma de temple.
VI. Las tres renuncias.
VII. Cómo es necesario practicar a la perfección estas
tres renuncias.
VIII. De las riquezas que constituyen la verdadera belleza o fealdad del alma.
IX. De tres géneros de riqueza.
X. Que el primer grado de renuncia no basta para llegar a la perfección.
XI. Pregunta sobre la gracia de Dios y el libre albedrío del hombre.
XII. Que la economía de la gracia no excluye la libertad.
XIII. Que debemos a Dios el poder seguir nuestro recto camino.
XIV. Que la ciencia de la ley se nos da merced al magisterio e iluminación de Dios.
XV. Que tanto la inteligencia por la que conocemos los mandamientos de
Dios, como los efectos de una buena voluntad son dádivas del Señor.
XVI. Que la misma fe constituye un don de Dios.
XVII. Que Dios modera la violencia de la tentación y da la fuerza para soportarla.
XVIII. Que la perseverancia en el temor de Dios es también gracia suya. XIX. Que la buena voluntad procede de Dios y se consuma en Él.
XX. Nada de este mundo se hace sin el beneplácito divino.
XXI. Objeción a que da lugar la fuerza de nuestro libre albedrío.
XXII. Que nuestra libertad necesita de continuo del auxilio de Dios.

IV. CONFERENCIA DEL ABAD DANIEL. DE LA CONCUPISCENCIA DE LA CARNE Y DEL ESPÍRITU

Capítulos:

I. Vida del abad Daniel.
II. A qué obedecen esos cambios repentinos que experimentan las almas, pasando de una alegría inefable a una profunda depresión.
III. Respuesta de Daniel a la cuestión propuesta.
IV. Que son dos los motivos por los cuales nos somete Dios a esta prueba.
V. Que nada pueden sin la ayuda de Dios nuestro celo y nuestra industria.
VI. Es provechoso que nos sintamos de vez en cuando abandonados de Dios.
VII. De la utilidad de este combate que el Apóstol define como una lucha entre la carne y el espíritu.
VIII. Porqué el Apóstol, tras haber aducido en este pasaje la lucha entre la carne y el espíritu, nos habla en tercer lugar de la voluntad.
IX. Respuesta: que el saber preguntar es claro indicio de inteligencia.
X. Que la palabra «carne» no está usada en una sola acepción en la Escritura.
XI. Qué entiende el Apóstol con el nombre de «carne» en este
lugar, y qué es la concupiscencia de la carne.
XII. Cuál es la voluntad que ocupa un punto medio entre la carne y el espíritu.
XIII. Ventajas que se originan de cierta dilación, al entablarse esa lucha entre la carne y el espíritu.
XIV. De la malicia incorregible de los espíritus del mal.
XV. Qué ventajas nos reporta la concupiscencia de la carne contra el espíritu.
XVI. Nuestras caídas serían más profundas si no nos viéramos humillados por el aguijón
de la carne.
XVII. De la tibieza de aquellos que son castos por necesidad.
XVIII. Pregunta sobre la diferencia entre el hombre carnal y el hombre espiritual.
XIX. De los tres estados de las almas.
XX. De los que renuncian mal al mundo.
XXI. De aquellos que habiendo despreciado las cosas grandes se embarazan en las pequeñas.

V. CONFERENCIA DEL ABAD SERAPIÓN. DE LOS OCHO VICIOS CAPITALES

Capítulos:

Capítulos:

I. Nuestra llegada a la celda del abad Serapión. Pregunta sobre los distintos géneros de vicios y sus embates.
II. Exposición del abad Serapión sobre los ocho vicios capitales.
III. De dos géneros de vicios y cómo actúan en el alma.
IV. Recapitulación sobre las pasiones de la gula y de la lujuria, y de su tratamiento. V. Cómo nuestro Señor Jesucristo fue el único que fue tentado sin culpa.
VI. Naturaleza de la tentación con que fue acometido el Señor por parte del demonio.
VII. Que la vanagloria y la soberbia se consuman sin concurso de la carne.
VIII. Que el amor al dinero es vicio que no se basa en la naturaleza, y de la diferencia que existe entre él y los vicios naturales.
IX. Que la tristeza y la acidia no se hallan, por lo común, entre los vicios que son
provocados por causas extrínsecas.
X. De la conexión que guardan entre sí los seis primeros vicios, y de la afinidad que existe entre los dos últimos.
XI. Origen y naturaleza de cada uno de estos vicios.
XII. En qué nos es provechosa la vanagloria.
XIII. De múltiples formas con que nos tiranizan los vicios.
XIV. Que la lucha contra los vicios debe entablarse en conformidad con la naturaleza de sus asaltos.
XV. Que nada podemos contra los vicios sin el auxilio de Dios, y que no debemos sentir altivez al triunfar sobre ellos.
XVI. Del sentido místico de las siete naciones cuyo territorio tomó Israel en posesión; y por qué en un lugar se dice que fueron siete y en otro que fueron muchas más.
XVII. Pregunta de Germán sobre la comparación de las siete naciones con los ocho
vicios capitales. XVIII. Cómo a los ocho vicios corresponden cabalmente las ocho naciones.
XIX. Por qué se ordena al pueblo escogido abandonar una sola nación y destruir las otras siete.
XX. De la naturaleza de la gula comparada con la del águila.
XXI. Disputa habida entre un anciano y ciertos filósofos acerca de la irreductibilidad
de la gula.
XXII. Por qué dijo Dios a Abraham que el pueblo de Israel había de vencer a diez naciones.
XXIII. De la utilidad de poseer las tierras ocupadas por los vicios.
XXIV. Que las tierras de donde fueron expulsados los pueblos de Canaán habían sido asignadas a los hijos de Sem.
XXV. Diversos testimonios de la Escritura relativos a la significación de los ocho vicios capitales.
XXVI. Una vez vencida la pasión de la gula, debemos esforzarnos por adquirir las otras virtudes.
XXVII. Que el orden que debemos seguir en la lucha contra los vicios no es el
mismo que el que guardan ellos entre sí.

VI. CONFERENCIA DEL ABAD TEODORO. DE LA MUERTE DE LOS SANTOS

Capítulos:

I. Descripción del desierto. Pregunta sobre la muerte de los santos.
II. Respuesta del abad Teodoro a la cuestión propuesta.
III. De tres categorías de cosas que hay en el mundo: las buenas, las malas y las indiferentes.
IV. Que no se puede causar daño a nadie contra su voluntad.
V. Objeción: por qué se dice que Dios crea los males.
VI. Respuesta a la cuestión formulada.
VII. Sobre si es reo de culpa quien dio muerte al justo, como quiera que este es recompensado después de la muerte.
VIII. Respuesta a la pregunta precedente.
IX. Ejemplo de Job, tentado por el diablo, y del Señor, traicionado por Judas. Tanto la prosperidad como la desgracia aprovechan al justo en orden a su salvación.
X. De la virtud del varón perfecto, a quien se llama metafóricamente ambidextro.
XI. Que ambas tentaciones se presentan bajo tres aspectos.
XII. Que el justo no debe parecerse a la cera blanda, sino a un sello de diamante. XIII. Si puede nuestra alma mantenerse continuamente en igual estado.
XIV. Respuesta a esta proposición.
XV. De los daños a que se expone quien se aleja de la celda.
XVI. De la mutabilidad, que afecta también a las virtudes celestes.
XVII. Que nadie cae súbitamente.