VII. PRIMERA CONFERENCIA DEL ABAD SERENO. DE LA MOVILIDAD DEL ALMA Y DE LOS ESPÍRITUS DEL MAL
Capítulos:
I. Castidad del abad Sereno.
II. Pregunta del anciano sobre el estado de nuestros pensamientos.
III.Nuestra respuesta sobre la volubilidad del alma.
IV. Exposición del anciano referente al estado del alma y su poder.
V. La perfección del alma según la figura del centurión evangélico.
VI. De la perseverancia en la guarda de los pensamientos.
VII. Pregunta sobre la movilidad del alma y los asaltos de las potencias del mal.
VIII. Respuesta sobre la ayuda de Dios y el poder del libre albedrío.
IX. Pregunta sobre la unión del alma con los demonios.
X. Respuesta: Cómo los espíritus inmundos se unen al alma humana.
XI. Objeción: Si pueden los espíritus inmundos penetrar en el alma de sus posesos y unirse a ellos.
XII. Respuesta: Manera cómo los espíritus inmundos dominan a los energúmenos.
XIII. Que no pueden los espíritus penetrarse mutuamente, y que tal cosa conviene sólo a Dios.
XIV. Objeción que inclina o creer que los demonios conocen los pensamientos de los
hombres.
XV. Respuesta: De lo que los demonios pueden o no pueden sobre los pensamientos de los hombres.
XVI. Comparación que muestra cómo los demonios conocen los pensamientos de los hombres. XVII. Que cada uno de los demonios no sugiere todos los vicios a los hombres.
XVIII. Si entre los demonios existe un orden en sus asaltos o un plan premeditado en su lucha contra el hombre.
XIX. Respuesta: Cómo los demonios se coaligan entre sí para planear sus ataques.
XX. Que las potestades adversas no tienen la misma fuerza y no disponen a su
gusto del poder de tentarnos.
XXI. Los demonios no están exentos de fatiga en sus contiendas con los hombres.
XXII. Que los demonios no disponen a placer de su poder de dañar.
XXIII. El poder de los demonios ha disminuido con relación a los tiempos pasados.
XXIV. De qué modo los demonios preparan su ingreso en aquellos que van a poseer.
XXV. Que los posesos por el vicio son más miserables que los posesos por el DEMONIO.
XXVI. Muerte del profeta seducido y enfermedad que mereció para su purificación el abad Pablo.
XXVII. Tentación del abad Moisés.
XXVIII. No debemos menospreciar a los que son entregados a los demonios.
XXIX. Objeción: Por qué los posesos son excluidos de la Comunión del cuerpo del Señor.
XXX. Respuesta a esta pregunta.
XXXI. Son más dignos de lástima los que no merecen ser sometidos a estas pruebas temporales.
XXXII. De la diversidad de gustos e inclinaciones que se encuentran en las potestades del aire.
XXXIII. Pregunta: ¿De dónde proviene que haya tanta diversidad entre los malignos espíritus?
XXXIV. Se demora la contestación a esta pregunta.
VIII. SEGUNDA CONFERENCIA DEL ABAD SERENO.DE LOS PRINCIPADOS
Capítulos:
I. Hospitalidad del abad Sereno.
II. Pregunta sobre la diversidad que se observa entre los espíritus del mal.
III. Respuesta: múltiples manjares que ofrecen las Sagradas Escrituras.
IV. Pueden darse dos opiniones sobre el sentido de ciertos pasajes escriturísticos.
V. La respuesta a la cuestión planteada hay que clasificarla en el número de las opiniones indiferentes.
VI. Dios no ha creado nada malo.
VII. Origen de los principados y potestades.
VIII. De la caída del diablo y de sus secuaces.
IX. Objeción: La caída del diablo tuyo principio cuando la seducción de Eva.
X. Respuesta sobre el origen de la caída del diablo.
XI. Del castigo del engañador y del engañado.
XII. De la multitud y movimiento de los demonios que se agitan por los aires.
XIII. Las potestades adversas fomentan entre ellas la misma hostilidad que las anima contra los hombres.
XIV. De dónde proviene a los espíritus malos el nombre de potestades o de principados. XV. No es tampoco sin motivo el que las santas y celestiales virtudes han recibido los nombres de ángeles y arcángeles.
XVI. La sujeción que los demonios testimonian a sus príncipes, puesta de manifiesto por la visión de un hermano.
XVII. Que todo hombre tiene dos ángeles junto a él.
XVIII. Prueba de los filósofos sobre la diferencia que existe en la malicia de los
espíritus malos.
XIX. Que los demonios nada pueden contra los hombres si desde un principio no se apoderan de su espíritu.
XX. Pregunta acerca de los ángeles apóstatas, de los cuales se dice en el libro del Génesis que habrían tenido comercio con las hijas de los hombres.
XXI. Solución a la pregunta formulada.
XXII. Pregunta sobre cómo puede reprocharse a los hijos de Set su unión con las hijas de Caín, cuando ninguna ley lo prohibía.
XXIII. Desde el principio, la ley natural sujetaba a los hombres al juicio y a la pena. XXIV. Los que pecaron antes del diluvio fueron castigados justamente.
XXV. Cómo hay que interpretar lo que se dice en el Evangelio referente al demonio, de que «es mendaz y padre de la mentira».
IX. PRIMERA CONFERENCIA DEL ABAD ISAAC. DE LA ORACIÓN (I)
Capítulos:
I. Introducción.
II. Exposición del abad Isaac sobre la oración.
III. De dónde nace las pureza y sinceridad de la oración.
IV. De la inestabilidad del alma comparable a la pelusa o a una pluma Ligera.
V. Causas del entorpecimiento del alma.
VI. Visión de un anciano sobre el trabajo febril de un hermano.
VII. Sobre si es más difícil la guarda de los buenos pensamientos que el excitarlos. VIII. Respuesta acerca de las diferentes formas die oración.
IX. De cuatro especies de oración.
X. Orden de estas diversas clases die oración.
XI. De la petición.
XII. De la oración.
XIII. De la intercesión.
XIV. De la acción de gracias.
XV. Si estas cuatro clases de oración son necesarias a todos simultáneamente, o bien separada y alterativamente.
XVI. En qué modos de oración debemos ejercitarnos con preferencia.
XVII. Cristo nos dio ejemplo de estos cuatro modos de plegaria.
XVIII. Sobre la oración del Señor.
XIX. Sobre estas palabras: «Venga a nos el tu reino».
XX. Sobre estas palabras: «Hágase tu voluntad».
XXI. Del pan sobresustancial o de cada día.
XXII. Sobre las palabras: «Perdónanos nuestras deudas».
XXIII. Sobre aquellas palabras: «Y no nos dejes caer en la tentación».
XXIV. No debemos pedir más que los que se halla expresado en esta breve plegaria.
XXV. De otra forma de oración más elevada.
XXVI. De diversas maneras como el alma se incita a la oración.
XXVII. De las diversas formas que reviste la compunción.
XXVIII. Por qué no tenemos a nuestra disposición el don de lágrimas.
XXIX. Respuesta acerca de la diversidad de sentimientos que se traducen por las lágrimas.
XXX. No hay que hacer esfuerzo alguno para procurar las lágrimas.
XXXI. Sentencia del abad Antonio sobre la oración.
XXXII. Señal die que es oída nuestra oración.
XXXIII. Objeción: La seguridad de ser oídos sólo conviene a los santos.
XXXIV. Respuesta: Diversas causas que dan favorable acogida a nuestras plegarias.
XXXV. Que debemos orar en nuestro aposento a puerta cerrada.
XXXVI. Utilidad de la oración breve y silenciosa.
X. SEGUNDA CONFERENCIA DEL ABAD ISAAC. DE LA ORACIÓN (II)
Capítulos:
I. Preliminares.
II. De la costumbre que existe en Egipto de anunciar la Pascua.
III. El abad Serapión y la herejía antropomorfita en la que le precipitó su simplicidad.
IV. Junto al abad Isaac. Pregunta sobre el error del abad Serapión.
V. Origen de la herejía antropomorfita.
VI. Por qué Jesucristo se nos aparece en su humildad o en su gloria.
VII. En qué consiste nuestro fin o la bienaventuranza perfecta.
VIII. De qué medios hemos de echar mano para llegar al recuerdo continuo de Dios.
IX. Respuesta: Fuerzas que la inteligencia reporta de la experiencia.
X. Escuela de la oración continua.
XI. De la perfección de la oración a la que se eleva el alma por virtud de la enseñanza que precede.
XII. Pregunta: ¿Cómo fijar en la mente los pensamientos de la fe?
XIII. De la movilidad de los pensamientos.
XIV. Respuesta: Medio de fijar nuestro corazón y de dar consistencia a nuestros pensamientos.