La oración de Jesús u oración del corazón consiste en repetir, preferiblemente en la mente, una oración corta que contenga el Santo Nombre Jesucristo o solamente el nombre Jesucristo. La forma mas utilizada, sobre todo en el oriente cristiano es: «Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten misericordia de mi».
AL ser una oración breve es ideal para orarla en cualquier momento y en cualquier lugar aunque siempre es aconsejable dedicar un cierto tiempo cada día para dedicarlo exclusivamente a la repetición de la oración en silencio y quietud. Esta oración es una herramienta sencilla pero muy profunda que nos permitirá permanecer en la presencia de Dios sin apenas distracción. Muchos espirituales han consagrado sus vidas enteras a este tipo de oración, siendo central en la vida monástica del oriente cristiano.
Podemos diferenciar ciertas etapas en el desarrollo de la oración:
- Al principio es una oración difícil y su practica no reporta satisfacción alguna. Múltiples tensiones corporales harán aparición, la mente se distraerá y tendremos que traerla de vuelta a la frase de la oración innumerables veces, nos costará repetir la oración y su vocalización interior será entrecortada, forzada, incomoda.. No nos desanimemos. En esta etapa es necesario utilizar la oración de Jesús como un complemento de la habitual oración de diálogo (que aconsejamos nunca abandonar), pues la una favorecerá la profundización de la otra y viceversa.
- Si perseveramos llegará un momento en que accederemos a un lugar mas amplio en nuestro interior. Las tensiones corporales se aflojarán, sentiremos como nuestro cuerpo se unifica y la repetición de la oración se acompasará de manera espontánea a la respiración. Los pensamientos apenas nos distraerán y la vocalización interior de la frase se hará sin ningún esfuerzo y nos resultará deseable y satisfactoria. Al no haber distracción de los pensamientos podremos permanecer en el hasta ahora esquivo momento presente. Comenzaremos a gustar el nectar y el poder escondido detras de las palabras «Jesucristo» o «Hijo de Dios». Poco a poco notaremos como si se encendiese un fuego en nuestro corazón. Será como cuando en un frío día de invierno encendemos una lumbre y nos calentamos ante ella apaciblemente. De este fuego nacerán profundos sentimientos espirituales de amor a Dios y al prójimo y comenzaremos a cumplir la ley de Dios de manera natural. En esta etapa comenzaremos a gustar los dones del Espíritu y a dar fruto. Es lo que San Pablo definió como «andar en el Espíritu». Los espirituales del oriente cristiano hablan de unificación de la mente y el corazón o oración de la mente en el corazón.
El paso de la etapa anterior a esta, de la oración mental a la oración de la mente en el corazón, es un Don de Dios que nos será otorgado cuando Él lo considere en su providencia. Es una pura gracia que ninguna técnica ni ningún esfuerzo humano nos puede procurar; solo Dios. Aún así, será muy difícil que la oración descienda al corazón si no llevamos una vida centrada en la búsqueda de Dios que permita que el anhelo de Dios que todos llevamos dentro aflore.
- Mas allá de esta etapa se describen otras muy avanzadas como la oración incesante en la que el Espíritu ora permanentemente en nuestro corazón sin que nosotros intervengamos, la oración de rapto o éxtasis y finalmente la unión total con Dios.
