El combate contra las pasiones





A partir del momento en que vuestro corazón es inflamado por el calor divino, vuestra transformación interior comienza.

Con el tiempo, esa llama ligera consumirá y disolverá todo en vosotros; comenzará y continuará la obra de espiritualizar todo vuestro ser. En verdad, en tanto esta llama no haya comenzado a arder en vosotros, vuestros esfuerzos no podrán alcanzar esta espiritualización. Encender esta primera chispa es, pues, la única cosa que importa por el momento, y es hacia este fin que debéis dirigir vuestros esfuerzos.

Debéis, sin embargo, comprender bien que esta llama no comenzará a arder en vosotros mientras las pasiones sean todavía fuertes y vigorosas, incluso cuando no cedáis ante ellas. Las pasiones son como una humedad que se impregna; ahora bien, una madera húmeda no podría arder. Lo único que se puede hacer es traer madera seca del exterior y encenderla; esas llamas harán secar, poco a poco, a la madera húmeda, hasta que esta, a su vez, esté lo bastante seca para tomar fuego. Es así como, poco a poco, el fuego de la madera seca terminará con la humedad, y se propagará hasta que toda la madera esté envuelta en llamas.

Las potencias de nuestra alma y las actividades de nuestro cuerpo son la materia inflamable de nuestro ser, pero, mientras no velemos sobre nosotros mismos, estarán saturadas de agua y no podrán arder a causa de esta humedad de las pasiones. En tanto estas no son expulsadas, resisten con obstinación al fuego espiritual. Las pasiones penetran a la vez el alma y el cuerpo y tienen en su poder el espíritu del hombre, su conciencia y su libertad; de esta manera, llegan a dominarlo enteramente; como, por otra parte, están en convivencia con los demonios, estos hacen del hombre su esclavo, aunque se imagina ser su propio amo.

Liberado por la gracia divina, el Espíritu es el primero en salir de sus trabas. Colmado por el temor de Dios y bajo la influencia de la gracia, rompe todos los lazos que lo ligan a las pasiones y, arrepintiéndose del pasado, toma toma la firme resolución de agradar solo a Dios en todas las cosas, de no vivir más que para él, de marchar según sus mandamientos. Con la ayuda de la gracia divina, el espíritu puede perseverar en su resolución de arrojar las pasiones del alma y el cuerpo, y espiritualizarlo todo en él.

En vosotros también, actualmente, el espíritu ha sido liberado de todos los lazos que lo trababan. estáis ahora del lado de Dios, conscientemente y por una elección deliberada. Vuestro deseo es pertenecer a Dios y agradar solo a él. Ese es el punto de apoyo de vuestra actividad espiritual. sin embargo, aunque vuestro espíritu haya reencontrado su libertad original, vuestra alma y vuestro cuerpo están todavía bajo el dominio de las pasiones que los violentan. debéis, ahora, armaros contra ellas y vencerlas. Rechazádlas lejos de vuestra alma y vuestro cuerpo. ese combate contra las pasiones es inevitable, pues no abandonarán voluntariamente la posesión ilegítima de vuestro ser.

El recuerdo de Dios es la vida del espíritu. El inflama vuestro celo a su placer y hace inquebrantable vuestra decisión de pertenecerle. Ese es, repito, el punto de apoyo de la vida espiritual y ese es, también, el fundamento de vuestra lucha contra las pasiones que invaden el corazón.

Teófano el Recluso

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