
Cada cosa a su tiempo. Hay un orden en el progreso. El Señor, una vez que ha entrado en comunión con el espíritu del hombre, no lo llena completamente en forma inmediata, ni lo habita enteramente. Esto no proviene de una vacilación de su parte, pues él está siempre listo a llenarlo todo si no surge de nosotros, porque en nosotros las pasiones todavía están mezcladas con las potencias de nuestra naturaleza, todavía no fueron ni separadas de ellas ni reemplazadas por las virtudes que se les oponen.
Mientras cada uno pone todo su celo en combatir a sus pasiones, es necesario mantener el ojo del intelecto dirigido hacia Dios. Ese es un principio fundamental que debemos recordar sin cesar si queremos llevar una vida agradable a Dios. Nos servirá para discernir la rectitud o la perversión de las reglas y obras ascéticas que pensamos emprender.
Debemos tener viva conciencia de esta necesidad de estar incesantemente orientados hacia Dios, pues parece que todos los errores cometidos en la vida activa provienen de la ignorancia de ese principio. Por no ver esa necesidad, unos se detienen en lo que constituye el exterior de los ejercicios de devoción y de los esfuerzos ascéticos y otros en la práctica habitual de buenas obras, sin elevarse más alto. Otros, incluso, buscan pasar directamente a la contemplación. Todo esto nos es pedido, pero cada cosa debe ser cumplida en su tiempo.
Al comienzo, sólo hay una semilla que luego se desarrolla, no exclusivamente, sino según su tendencia general, según una u otra forma de vida.
Es necesario ir progresivamente de las obras exteriores a las obras interiores, y de éstas a la contemplación. Tal es el orden natural y jamás en sentido inverso.
Teófano El Recluso
GRACIAS TODO LO QUE USTEDES NOS MUESTRAN ME SIRVE PARA SENTIR MAS CERCA AL PADRE, GRACIAS
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Muchas gracias por los textos que nos facilita tanto la oración. Sobre el tema de esta te diré que nadie discute si la divinidad de Jesús era mayor con 12 años que cuando nació o sí su divinidad era más plena cuando resucitó. Al igual pasa en nosotros. Dios nos habita en plenitud toda la vida no más porque seas buena persona o bautizado o un pio devoto del rosario. Dios nos habita plenamente según nuestro ser: quien como un vaso, quien como una jarra, quien como un tonel. Lo que varía es como vamos descubriendo su presencia, como inunda nuestro hacer o como nos remplaza enteramente por ser uno con el UNO. La práctica de las virtudes no es para que Dios crezca en nosotros sino para dejarle ser El en nosotros porque nosotros menguamos más. La gracia que recibimos es para hacernos desaparecer nuestra humanidad y resplandezca más la realidad que nos habita, que a ella nada le hace engordar. La gracia no es agua que llena un vaso sino es agua que limpia la vasija y la hace más transparente dejando ver lo que hay dentro,
que no es nuestro. Que Dios siga iluminando tu camino
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Por otro lado decirte que los caminos son tantos como personas y lo que a uno le fue bien no tiene que ser el camino del otro. El camino de Teofano es uno y el de Pablo de Tarso fue otro, recibió primero la contemplación y luego le vino las obras interiores (12 años hasta que se puso a predicar) y luego las exteriores, predicando a los gentiles.
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